domingo, 23 de septiembre de 2012

lunes, 17 de septiembre de 2012

La pared, la lámpara, la cama, la puerta y la alfombra

Abrí los ojos de golpe, y allí lo tenía, sudando furia y rencor. Empezó a chillar y no pude evitar llenarme de ira. Me uní; los gritos se estrellaban contra las paredes de la habitación produciendo un eco que hacía que nos ahogásemos aún más en nuestras propias palabras. Todos los engaños, las mentiras, los insultos, las promesas fallidas, las burlas, todo el dolor salía de nuestras cabezas sin apenas dejar un mínimo hueco para respirar.
Y paró, y yo continué gritando. Y le miré. Y me miró. Quedé fría, hipnotizada por aquellos ojos que alguna me hicieron sonreír. Como la primera vez. Levanté la mirada hacia la lámpara mordiéndome los labios intentando contener todo impulso que me hiciese derramar una sola lágrima. No lo merecía. No iba a caer. Aquella vez no. Era injusto. Pero el se adelantó. Se hizo un ovillo al lado de la cama y agachó la cabeza sollozando en silencio. Me di la vuelta haciendo un ademán de marcharme por donde había venido, pero fue agarrar el pomo de la puerta y me abandoné. Me volví a girar. No sé como habíamos podido llegar hasta aquello. Me puse de rodillas frente a él, y le abracé. Y me abrazó. Y todo mi peso dejó de afectar a la gravedad. El nudo que tenía en el estómago me privaba de hablar. Tampoco quería decir nada. Y me eché a llorar allí mismo también, temblando sin saber la causa. Quizá fuera todo, y a la vez nada. Ambos sabíamos que no había solución para los recuerdos. Y no la hay, es como un botijo de barro con grietas que apenas retiene el agua durante unos segundos. Una cicatriz eterna.
Se me dibujo una sonrisa entre dos lágrimas, la verdad que me sentía muy bien. Y nos dejamos caer sobre la alfombra, sabiendo que aquella podía ser la última vez.

martes, 11 de septiembre de 2012

Eh,

Soy demasiado amante de que me hagan la vida imposible.
Si no vienes para eso, ahí está la puerta