jueves, 31 de marzo de 2011

Nota de autor


Venía con la intención de hacer una gran saga romántica que revolucionara a todo el mundo como ninguna jamás lo ha hecho. Después de princesas como Blancanieves, La Cenicienta y La Bella Durmiente, llegué a la conclusión de que esos personajes idílicos no son más que farsas inmaduras. Necesitaba algo atrayente, algo fuera de lo común, pero real.
Tras una semana perfeccionando una idea, por fin me llegó la inspiración y comencé mi obra. (...)
Y terminé; aquello se me había convertido en algo macabro, dramático, frustrante y duro. Como la vida misma.