Cuando estoy a punto de decirlo sin más, rápido, claro y conciso, me atrapa la cobardía.
Cuando creo que lo tengo todo a favor, lo vuelvo en mi contra.
Y llega el valor, pero todos mis argumentos se han desparramado por el suelo. Me agacho a recogerlos. Y de esto cuando levanto la cabeza, ya os habéis ido tú, la oportunidad y los restos de coherencia.