Y amaneció, amaneció como nunca antes lo hubo hecho.
Acurrucada entre sus sábanas que se encontraban arrebujadas por toda la cama, jugaba con la almohada lanzándola con los pies y volviéndola a coger sin que se cayera. Qué curioso, su principal captadora de lágrimas quedaba en paro y se ofrecía una nueva vacante para aquel rincón de la habitación.
El día le daba la bienvenida, y ella le devolvía una sonrisa.
Rescató lo mejor de sí misma y emprendió camino en busca de su paralelismo incompleto.